Franz Schubert: Die schöne Müllerin - Das Wandern (El caminar)

Autora: Evgenia Fölsche

«Das Wandern» abre el ciclo de lieder Die schöne Müllerin D 795 (1823) de Franz Schubert, sobre poemas de Wilhelm Müller. En cinco breves estrofas, el caminar se celebra como principio vital, aprendido del agua, de las ruedas e incluso de las piedras. Schubert lo convierte en una señal de partida estrófica, de carácter popular, sostenida por el incesante fluir en 6/8 del piano.

El poema (Wilhelm Müller – Setenta y siete poemas de los papeles póstumos de un cornista viajero, 1821)

De: Die schöne Müllerin – ciclo «Wanderschaft»

Caminar es el placer del molinero,
¡Caminar!
Debe de ser un mal molinero
aquel a quien jamás se le ocurrió caminar,
caminar.

Lo hemos aprendido del agua,
¡del agua!
Ella no descansa ni de día ni de noche,
siempre piensa en seguir su camino,
el agua.

También lo vemos en las ruedas,
¡las ruedas!
Que no gustan nada de quedarse quietas,
que giran todo el día sin cansarse,
las ruedas.

Incluso las piedras mismas, por pesadas que sean,
¡las piedras!
Bailan entre las alegres hileras
y hasta quisieran ir aún más deprisa,
las piedras.

Oh caminar, caminar, mi placer,
¡oh caminar!
Señor maestro y señora maestra,
dejadme seguir en paz mi camino
y caminar.

Datos de la obra y vista general

  • Compositor: Franz Schubert (1797–1828)
  • Ciclo: Die schöne Müllerin D 795, n.º 1 (apertura)
  • Fuente del texto: Wilhelm Müller, poema «Wanderschaft» (ciclo Die schöne Müllerin)
  • Composición: octubre de 1823; primera edición en 1824 (cuaderno 1)
  • Tonalidad original: si bemol mayor; compás / carácter: 6/8, vivo
  • Duración: aprox. 2:30–3:00 minutos
  • Plantilla: voz y piano (todas las tesituras mediante transposición)
  • Forma: estrictamente estrófica (5 estrofas)

Datos sobre el poema

  • Autor: Wilhelm Müller (1794–1827)
  • Primera publicación (texto): 1821 como «Wanderschaft» en el ciclo Die schöne Müllerin
  • Forma estrófica: 5 estrofas de 5 versos cada una
  • Recursos estilísticos: personificación (agua/ruedas/piedras), anáfora, fórmula de estribillo, enumeración

Génesis y contexto del ciclo

Con «Das Wandern», Schubert establece el pulso fundamental de toda la Schöne Müllerin: movimiento, impulso hacia adelante, el arroyo como portador de la narración. Su perfil cercano a la canción popular (melodía marcada, periodización clara) crea un alto grado de reconocimiento y constituye el contraste frente a la profundización psicológica de los lieder siguientes.

Más sobre el ciclo (contenido, datos de la obra, todos los artículos sobre los lieder) en la página general: Die schöne Müllerin – Vista general.

Práctica interpretativa y recepción

Tempo y pulso: vivo y elástico, sin precipitación. El bajo del piano dibuja el fluir constante del arroyo (arpegios en 6/8), mientras la mano derecha acentúa el «paso». La claridad del texto está por encima del volumen; consonantes nítidas, vocales esbeltas.

Colores de las estrofas: 1 (programa) – neutra; 2 (agua) – línea de legato más fluida; 3 (ruedas) – acentos ligeramente más marcados; 4 (piedras) – ligereza danzante; 5 (petición a la pareja del molinero) – un matiz de súplica más que de triunfo.

Grabaciones de referencia (selección)

  • Dietrich Fischer-Dieskau – Gerald Moore (DG)
  • Ian Bostridge – Mitsuko Uchida (Decca)
  • Christoph Prégardien – Andreas Staier (fortepiano; harmonia mundi)
  • Fritz Wunderlich – Hubert Giesen (Orfeo)
  • Matthias Goerne – Eschenbach / Brendel (varias)

Análisis – música

Movimiento en 6/8 y figura del «arroyo»

Los incansables arpegios del piano (por lo general en el bajo) trazan el fluir del arroyo; se convierten en una figura conductora del ciclo. Sobre esa corriente de movimiento se despliega una melodía silábica, con un contorno ligeramente cercano al yodel: popular en su efecto, pero finamente equilibrada.

Forma estrófica e interpretación del texto

La estrofa 2 (agua) requiere más legato y amplitud de línea; la estrofa 3 (ruedas) recibe pequeños puntos de acento en «stille steh’n» / «müde dreh’n»; la estrofa 4 (piedras) puede brillar con ligereza danzante. En la estrofa 5, la súplica a «Herr Meister und Frau Meisterin» se retiene ligeramente en el plano dinámico: perspectiva, no llegada.

Representación visual

Visualización artística de Evgenia Foelsche:
La imagen capta el alegre impulso inicial del joven aprendiz de molinero. En su centro está el caminar como ritmo natural de la vida: el ser humano en movimiento, acompañado por el murmullo del arroyo, las ruedas del molino que giran y la fuerza viva del paisaje. La imagen no muestra ni soledad ni quietud, sino un impulso hacia adelante lleno de expectativa, ligereza y confianza juvenil.

De este modo, la representación retoma la idea fundamental del lied: aquí el caminar es mucho más que un simple desplazamiento. Aparece como expresión de una fuerza vital interior, como ley de la naturaleza, a la que obedecen por igual el agua, las ruedas y los seres humanos. Todo está en movimiento, todo sigue adelante. Así, el joven molinero se convierte en parte de un movimiento mayor que lo conduce no solo a través del mundo, sino también hacia su destino.

Como la música de Schubert, también la imagen transmite una impresión de incesante continuidad rítmica. La composición clara y dinámica y la atmósfera fresca reflejan el impulso elástico del lied. Aún no cae ninguna sombra sobre el camino; al contrario, en esta escena se ilumina el comienzo de un viaje esperanzador. La imagen hace visible aquello que resuena en la música y en el texto: la alegría de caminar, de buscar y del camino abierto, aún no escrito.

Análisis – poesía

El poema «Das Wandern» abre el ciclo Die schöne Müllerin en la sección «Wanderschaft», estableciendo así el impulso fundamental de toda la obra poética: el movimiento como principio vital. A diferencia de las escenas nocturnas y de despedida, cargadas de sentido existencial, de Winterreise, aquí el caminar no se presenta como pérdida, sino como placer, ética profesional y ley de la naturaleza. El texto está construido como un canto para acompañar el paso: estrofas breves, exclamaciones repetidas («Das Wandern!», «Vom Wasser!») y una estructura rítmica circular que reproduce performativamente su tema.

Ya en la primera estrofa, el caminar queda establecido como rasgo identitario del molinero:

Caminar es el placer del molinero,
¡Caminar!
Debe de ser un mal molinero
aquel a quien jamás se le ocurrió caminar,
caminar.

La fórmula «es … placer» convierte el caminar en algo evidente, no excepcional. Quien no camina es «malo»: el juicio es menos moral que normativo, porque caminar pertenece al oficio, a la tradición y a la propia imagen de uno mismo. La repetición al final de la estrofa funciona como estribillo y pone en marcha un movimiento circular que ya deja entrever el girar del molino. El yo habla en un tono colectivo, casi proverbial: parece la voz de todo un gremio y, al mismo tiempo, la del joven caminante que interioriza esta regla del oficio.

En la segunda estrofa, el caminar ya no deriva del oficio, sino de la naturaleza:

Lo hemos aprendido del agua,
¡del agua!
Ella no descansa ni de día ni de noche,
siempre piensa en seguir su camino,
el agua.

El agua aparece como imagen originaria del movimiento: no conoce «reposo» y está en marcha «de día y de noche». De este modo, el caminar recibe una legitimación elemental: no es ante todo el ser humano quien decide, sino la propia naturaleza la que dicta la ley. Al mismo tiempo, el agua se introduce como motivo conductor del ciclo: más adelante se convertirá en guía, interlocutora y espejo de los estados interiores. Aquí, sin embargo, sigue siendo enteramente positiva, como energía, dirección y promesa.

En la tercera estrofa, el movimiento se concreta mecánicamente:

También lo vemos en las ruedas,
¡las ruedas!
Que no gustan nada de quedarse quietas,
que giran todo el día sin cansarse,
las ruedas.

Las «ruedas» anclan el caminar en el proceso de trabajo del molino. Lo interesante es el cambio de perspectiva: aquí caminar significa no solo avanzar, sino también girar, dar vueltas, ser arrastrado. «Sin cansarse» no es un estado psicológico, sino una descripción funcional: y precisamente ahí se percibe un matiz silencioso, pues quien está destinado al movimiento no puede quedarse quieto. Así, Müller vincula naturaleza (agua) y técnica (ruedas) en un sistema cerrado de inquietud.

La cuarta estrofa lleva el principio hasta la paradoja:

Incluso las piedras mismas, por pesadas que sean,
¡las piedras!
Bailan entre las alegres hileras
y hasta quisieran ir aún más deprisa,
las piedras.

Precisamente las piedras, tan «pesadas», «bailan»: el movimiento se vuelve alegría, casi personificación. El mundo entero se concibe así como puesto en marcha: incluso lo pesado se vuelve vivaz. Al mismo tiempo, aquí ya está presente una alusión a la ambivalencia del ciclo: las muelas del molino muelen; son instrumentos de trabajo, pero también símbolos de presión, fricción y trituración. Por ahora todo suena aún sereno; más adelante, el mismo motivo del molino podrá vivirse como coacción y círculo cerrado.

En la estrofa final, el yo lírico emerge con mayor claridad y dirige su movimiento contra los vínculos sociales:

Oh caminar, caminar, mi placer,
¡oh caminar!
Señor maestro y señora maestra,
dejadme seguir en paz mi camino
y caminar.

La doble invocación («Oh caminar») suena como una confesión personal: caminar no es solo una máxima gremial, sino una necesidad interior. Al mismo tiempo, por primera vez se hace visible un orden social concreto: la casa del maestro, la autoridad, la pertenencia. El hecho de que el hablante pida «paz» deja entrever que quedarse implica siempre también subordinación y límite. La petición es cortés, pero decidida: el ciclo comienza con un yo que quiere seguir adelante y que, precisamente por ello, se abre al encuentro, a la tentación y más tarde al fracaso.

Formalmente, la estructura sostiene este sentido: repeticiones, exclamaciones y el constante retorno de la palabra clave producen una especie de ritmo verbal del caminar. El poema canta el movimiento y lo convierte en la condición de todo lo que vendrá después.

Sentido y función dentro del ciclo

En cuanto apertura de Die schöne Müllerin, «Das Wandern» es un comienzo programático: establece el caminar como ley de la naturaleza (agua), como mecánica del oficio (ruedas, piedras) y como placer personal (fórmula de confesión). El joven caminante no aparece como alguien que sufre, sino como alguien que busca: aquí el movimiento sigue siendo esperanza, energía y apertura hacia el futuro.

Al mismo tiempo, el poema expone ya los motivos decisivos de todo el ciclo: el agua como camino y como voz, el molino como centro de la acción venidera y la relación entre libertad (caminar) y vínculo (casa del maestro). El comienzo está bajo el signo de la ligereza; pero como el caminar se presenta como inevitable («no descansa», «no gusta de quedarse quieto»), ya está implícita la posibilidad de una futura inquietud. El ciclo se pone así en marcha con un luminoso impulso hacia el movimiento, que a lo largo de la obra puede transformarse en pasión, celos e intensificación existencial.

Evgenia Fölsche – interpretaciones y audio

La pianista Evgenia Fölsche acentúa el paso en 6/8 con un bajo elástico y una articulación clara; los colores de las estrofas se diferencian con sutileza, mientras que el final permanece abierto, como invitación a continuar la narración del ciclo.

Ejemplo de audio: Das Wandern con Dietrich Fischer-Dieskau y Gerald Moore

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Solicitud de concierto

Die schöne Müllerin de Franz Schubert forma parte del repertorio de lied de Evgenia Fölsche y se interpreta regularmente en colaboración con cantantes de renombre. Los programas de concierto pueden diseñarse con flexibilidad y adaptarse a distintas formaciones.

Evgenia Fölsche ha colaborado, entre otros, con cantantes como Johannes Kammler, Benjamin Russell y Gerrit Illenberger, que incluyen Die schöne Müllerin en su repertorio.

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Preguntas frecuentes sobre Schubert: «Das Wandern» (Die schöne Müllerin n.º 1)

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¿Qué función tiene «Das Wandern» dentro del ciclo?

Establece el pulso del movimiento y del sonido de toda la obra: el arroyo como figura guía; impulso de partida antes de la profundización psicológica.

¿En qué tonalidad y forma está escrito el lied?

Tonalidad original: si bemol mayor, forma estrictamente estrófica (5 estrofas), compás de 6/8 con acompañamiento arpegiado continuo.

¿Con qué velocidad debe interpretarse?

Vivo, pero sin precipitación: paso elástico en 6/8 y dicción clara. El fluir nunca debe “quedarse sin aliento”.

¿Existen fuentes fiables para el texto y los datos de la obra?

Sí: ediciones urtext / datos de la obra y texto del lied pueden encontrarse, entre otros, en Schubertlied.de (tonalidad, datación, texto), Oxford Song (texto y traducción) y LiederNet (texto completo).