Franz Schubert: Winterreise - Der Leiermann (El organillero)
Franz Schubert – Winterreise:
- Gute Nacht (Buenas noches)
- Die Wetterfahne (La veleta)
- Gefror’ne Thränen (Lágrimas heladas)
- Erstarrung (Entumecimiento)
- Der Lindenbaum (El tilo)
- Wasserfluth (Inundación)
- Auf dem Flusse (Sobre el río)
- Rückblick (Mirada atrás)
- Irrlicht (Fuego fatuo)
- Rast (Descanso)
- Frühlingstraum (Sueño de primavera)
- Einsamkeit (Soledad)
- Die Post (El correo)
- Der greise Kopf (La cabeza cana)
- Die Krähe (El cuervo)
- Letzte Hoffnung (Última esperanza)
- Im Dorfe (En el pueblo)
- Der stürmische Morgen (La mañana tempestuosa)
- Täuschung (Ilusión)
- Der Wegweiser (El poste indicador)
- Das Wirtshaus (La posada)
- Muth (Valor)
- Nebensonnen (Los parhelios)
- Der Leiermann (El organillero)
«Der Leiermann» es el Lied n.º 24 del Winterreise D 911 (1827) de Franz Schubert sobre un poema de Wilhelm Müller, y el radical punto final del ciclo. A las afueras del pueblo se encuentra un viejo organillero: descalzo sobre el hielo, con un cuenco vacío, ignorado por todos, rodeado por los gruñidos de los perros. Schubert no convierte esta escena final en un desenlace dramático, sino en una imagen de extrema reducción.
El Lied está en la menor, en compás de 2/4, muy lento, muy sencillo. Quintas a modo de bordón, una escritura pianística casi inmóvil y una línea vocal estrechamente trazada, casi hablada, crean una frialdad que ya no se descarga emocionalmente, sino que aparece como petrificada. La pregunta final «¿Debo ir contigo?» queda sin respuesta y precisamente por eso vuelve el efecto de este Lied tan implacable.
Índice
- El poema (Wilhelm Müller)
- Datos de la obra y visión general
- Génesis y contexto del ciclo
- Práctica interpretativa y recepción
- Análisis – música
- Representación visual
- Análisis – poesía
- Sentido y efecto dentro del ciclo
- Evgenia Fölsche – interpretaciones y audio
- Winterreise para su programa de concierto
- FAQ
El poema (Wilhelm Müller – edición original impresa de 1824) con cambios de Franz Schubert
De: Winterreise – Lied XXIV
Drüben hinterm Dorfe
steht ein Leiermann,
und mit starren Fingern
dreht er, was er kann.
Allí detrás del pueblo
se encuentra un organillero,
y con dedos rígidos
gira como puede.
Barfuß auf dem Eise
schwankt er hin und her;
(Schubert: wankt er hin und her.)
und sein kleiner Teller
bleibt ihm immer leer.
Descalzo sobre el hielo
se balancea de un lado a otro;
(Schubert: se tambalea de un lado a otro.)
y su pequeño cuenco
siempre permanece vacío.
Keiner mag ihn hören,
keiner sieht ihn an;
und die Hunde knurren
um den alten Mann.
Nadie quiere escucharlo,
nadie lo mira;
y los perros gruñen
alrededor del anciano.
Und er läßt es gehen,
alles wie es will,
dreht, und seine Leier
steht ihm nimmer still.
Y él deja que todo siga,
todo como quiera;
gira, y su organillo
nunca se le queda quieto.
Wunderlicher Alter,
soll ich mit dir gehn?
Willst zu meinen Liedern
deine Leier drehn?
Extraño anciano,
¿debo ir contigo?
¿Quieres para mis canciones
girar tu organillo?
Datos de la obra y visión general
- Compositor: Franz Schubert (1797–1828)
- Ciclo: Winterreise D 911, n.º 24 (Der Leiermann)
- Texto: Wilhelm Müller, Winterreise (1823/24)
- Composición: 1827; primera edición impresa en 1828 (Parte II, Lied final)
- Tonalidad / compás / tempo: la menor, 2/4, muy lento, muy sencillo
- Duración: aprox. 3:00–4:00 minutos
- Plantilla: voz y piano
- Forma: forma estrófica variada con modelo básico a modo de bordón
Datos del poema
- Autor: Wilhelm Müller (1794–1827)
- Forma estrófica: 5 estrofas de 4 versos
- Recursos estilísticos: figura del marginado, figura del doble, personificación del organillo, pregunta final abierta
Génesis y contexto del ciclo
«Der Leiermann» se sitúa al final de Winterreise como una visión última. Después de los vaciamientos interiores de los Lied anteriores aparece aquí una figura que parece a la vez extraña y familiar: un viejo músico, de pie fuera del pueblo, que sigue girando mecánicamente.
En el contexto del ciclo, el organillero es más que una figura marginal. Es reflejo y contraimagen del caminante: igual de solo, igual de expulsado de la comunidad, igual de atrapado en un movimiento que ya no produce ningún provecho visible. Allí donde todos los lazos del caminante con el amor, la patria, la sociedad y la esperanza se han roto, al final no queda sino esta muda, giratoria existencia.
La pregunta final «¿Debo ir contigo?» es lo que vuelve este Lied tan estremecedor: el ciclo no termina con consuelo, ni con derrumbe, ni siquiera con la muerte, sino con una posibilidad abierta. Precisamente en ello reside la implacabilidad de este final.
Práctica interpretativa y recepción
Tempo y pulso: el Lied exige la máxima quietud, pero ninguna amplitud romántica. El pulso de 2/4 permanece mínimo, casi mecánico, como un movimiento giratorio gastado. Demasiado rubato destruye la frialdad de la escena.
Imagen pianística: las quintas de bordón en la mano izquierda y el seco movimiento de organillo en la mano derecha deben permanecer sencillos, duros e imperturbables. Poco pedal, sin velos de niebla, sin baño sonoro cálido.
Voz: la línea vocal requiere sobriedad. Ninguna exageración lamentosa, sino una narración casi hablada, concentrada. Solo en la última estrofa puede la pregunta abrirse como un verdadero abismo – no en voz alta, sino sin resolución.
Intérpretes históricos de referencia
- Dietrich Fischer-Dieskau – barítono
- Hans Hotter – bajo-barítono
- Peter Schreier – tenor
Intérpretes actuales con quienes colaboro
Análisis – música
Bordón, rigidez y movimiento del organillo
El modelo musical fundamental de «Der Leiermann» está radicalmente reducido. Quintas a modo de bordón y figuras repetitivas de organillo crean una atmósfera que casi se sitúa fuera de la retórica tradicional del Lied. La música ya no parece narrar, sino simplemente estar ahí.
La línea vocal permanece dentro de un ámbito estrecho y con frecuencia está conducida muy cerca de la sílaba. De ese modo parece casi desromantizada: ningún arco enfático, ningún canto expansivo, sino una voz que se aferra a una última, áspera línea.
Armonía, forma y pregunta abierta
Armónicamente, Schubert permanece durante mucho tiempo cerca de la menor. Aparecen pequeños desvíos y grados laterales, pero sin abrir una perspectiva verdaderamente resolutiva. La forma parece a la vez ligada estróficamente y atrapada en un mismo estado permanente.
La pregunta final no destaca por una armonía dramática, sino precisamente por su falta de resolución. El Lied no termina con una meta enfática, sino en un campo sonoro abierto. Esta apertura no es una suspensión romántica, sino suspenso musical: el oyente permanece en el mismo umbral que el caminante.
Representación visual
Visualización artística de Evgenia Fölsche:
El caminante se encuentra frente al organillero –
una figura en el borde del mundo.
Descalzo, el anciano se mantiene sobre el hielo desnudo,
resquebrajado.
El frío parece implacable,
su ropa está hecha jirones,
su mirada vacía y vuelta hacia dentro.
Delante de él yace un cuenco sobre el suelo helado –
pero permanece vacío.
Nadie lo escucha,
nadie le da nada.
Y, sin embargo, sigue tocando.
Gira mecánicamente su organillo,
imperturbable frente a la helada,
la pobreza
y la indiferencia.
La representación se concentra en esta escena inmóvil,
casi petrificada:
el hielo refleja la rigidez interior,
la falta de salida
y la frialdad existencial
que rodean tanto al organillero como al caminante.
Aquí el organillero se convierte en la figura especular del caminante.
Lo que este reconoce al final de su viaje
es una posible imagen de su propio futuro:
soledad absoluta,
desprendimiento de los vínculos sociales,
una existencia más allá de la esperanza o de la expectativa.
Pero en el movimiento monótono del tocar del organillo hay al mismo tiempo algo inconmovible.
La música sigue sonando –
reducida,
escueta,
casi sin desarrollo –
como las obstinadamente circulares figuras de acompañamiento de Schubert en el piano.
La imagen hace visible
lo que en el Lied permanece sin decir:
¿es el organillero símbolo de la desesperación –
o de la radical coherencia
con la que alguien preserva su sonido interior,
independientemente del reconocimiento exterior?
En esta pregunta abierta termina Winterreise.
El caminante contempla al músico –
y quizá reconoce en él su propio eco.
Análisis – poesía
«Der Leiermann» constituye el punto terminal de Winterreise. El poema describe un encuentro aparentemente exterior: el caminante se encuentra con un anciano que permanece descalzo sobre el hielo y gira mecánicamente un organillo. Pero desde el comienzo resulta claro que esta figura es más que una aparición casual. Es imagen especular, doble y última superficie de proyección del caminante.
Estrofa 1: más allá del pueblo
Drüben hinterm Dorfe
steht ein Leiermann,
und mit starren Fingern
dreht er, was er kann.Allí detrás del pueblo
se encuentra un organillero,
y con dedos rígidos
gira como puede.
El lugar es decisivo: «allí detrás del pueblo». El organillero está fuera del orden social, más allá de la comunidad. Sus dedos están «rígidos», marcados a la vez por la edad, por el frío y por la petrificación. Y, sin embargo, sigue girando. Ya aquí aparece la imagen de un movimiento que ya no expresa ni meta ni esperanza, sino mera continuidad.
Estrofa 2: frío, pobreza, desamparo
Barfuß auf dem Eise
wankt er hin und her;
und sein kleiner Teller
bleibt ihm immer leer.Descalzo sobre el hielo
se tambalea de un lado a otro;
y su pequeño cuenco
siempre permanece vacío.
La segunda estrofa agudiza la miseria. Descalzo sobre el hielo – eso es la máxima indefensión. El cuenco vacío hace del organillero no solo un pobre, sino un ser completamente ignorado. Su arte no le aporta nada, su presencia no suscita compasión, su movimiento permanece sin resonancia.
Estrofa 3: expulsado de la comunidad
Keiner mag ihn hören,
keiner sieht ihn an;
und die Hunde knurren
um den alten Mann.Nadie quiere escucharlo,
nadie lo mira;
y los perros gruñen
alrededor del anciano.
La repetición «nadie … nadie …» vuelve absoluto el abandono. Al organillero no se le escucha ni se le mira. Incluso los perros no reaccionan con cercanía, sino con rechazo. Ha caído fuera del orden de los vivos y ya solo existe en el margen.
Estrofa 4: seguir girando mecánicamente
Und er läßt es gehen,
alles wie es will,
dreht, und seine Leier
steht ihm nimmer still.Y él deja que todo siga,
todo como quiera;
gira, y su organillo
nunca se le queda quieto.
Aquí emerge la auténtica radicalidad de la figura. El organillero ya no reacciona al mundo. Todo puede seguir como quiera. Solo el organillo permanece en movimiento. Esta imagen describe una existencia sin expectativa, sin meta, sin consuelo – pero también sin interrupción.
Estrofa 5: encuentro con el doble
Wunderlicher Alter,
soll ich mit dir gehn?
Willst zu meinen Liedern
deine Leier drehn?Extraño anciano,
¿debo ir contigo?
¿Quieres para mis canciones
girar tu organillo?
Solo en la última estrofa habla el propio caminante. El encuentro se convierte en interpelación. Llama al anciano «extraño» – ajeno, inquietante, ya no del todo de este mundo. Con la pregunta de si debe ir con él, el organillero se convierte en la figura especular del caminante. El último verso une explícitamente a ambos a través de lo musical: mis canciones y tu organillo. Precisamente ahí reside la grandeza de este final: no una resolución, sino una posibilidad abierta, estremecedora.
«Der Leiermann» no conduce a Winterreise a un final en el sentido habitual. En lugar de ello queda la imagen de una existencia inmovilizada, escueta, que continúa – sin meta, sin respuesta, sin punto final.
Sentido y efecto dentro del ciclo
Como último Lied de Winterreise, «Der Leiermann» no es un final en el sentido tradicional, sino una mirada hacia otra forma de existencia. El caminante encuentra una figura que ya vive aquello que interiormente le espera: desprendimiento total de la sociedad, de la posesión, de la esperanza y de la meta.
Después de los Falsos soles, donde el caminante desea que incluso la última luz se extinga, aquí aparece la consecuencia: un ser humano que permanece sobre el hielo, sin resonancia, y sin embargo sigue existiendo. La música permanece – pero no como expresión de comunidad o de consuelo, sino como movimiento mecánico, desnudo.
La pregunta final «¿Debo ir contigo?» pertenece a los finales más abiertos de la historia de la música. Deja al caminante en el umbral: ni de regreso al mundo, ni inequívocamente en la muerte, sino ante una forma de existencia más allá de ambos ámbitos. Precisamente esta apertura vuelve el efecto del Lied tan imborrable.
Así, «Der Leiermann» aparece como el último, helado aliento de Winterreise: silencioso, sencillo, escueto y justamente por ello de una grandeza conmovedora.
Evgenia Fölsche – interpretaciones y audio
Evgenia Fölsche mantiene el bordón inflexiblemente sereno; la dinámica permanece contenida, la dicción sencilla y sin sentimentalismo. De este modo surge una concentración en la que el organillero no aparece como figura de efecto, sino como una silenciosa última instancia.
Ejemplo de escucha: Der Leiermann con Dietrich Fischer-Dieskau y Gerald Moore
Winterreise para su programa de concierto
El Winterreise de Franz Schubert forma parte del repertorio de Lied de Evgenia Fölsche y puede realizarse en distintos formatos de interpretación. Según la ocasión, el espacio y el concepto artístico, son posibles diferentes formaciones y modalidades.
Son posibles, entre otras cosas, interpretaciones con distintas tesituras desde soprano hasta bajo, variantes con coro, con imágenes o en forma escénica. Encontrará una visión general de los formatos, las formaciones y las posibilidades artísticas en la página de conciertos dedicada a Winterreise.
A la página de conciertos de WinterreisePreguntas frecuentes sobre Schubert: «Der Leiermann» (Winterreise n.º 24)
Haga clic en una pregunta para mostrar la respuesta.
¿Es el organillero una figura real o un símbolo?
Ambas cosas. Es una figura marginal concreta y al mismo tiempo el espejo del caminante: una imagen de exclusión radical y vaciamiento interior.
¿Por qué el Lied suena tan escueto y “pobre”?
El acompañamiento a modo de bordón, la escritura vocal estrecha y la factura sencilla están elegidos deliberadamente: aquí Schubert apuesta por la máxima sustracción en lugar de por la plenitud expresiva.
¿Va el caminante al final con el organillero?
El texto solo plantea la pregunta. Precisamente esta apertura constituye el verdadero punto final de Winterreise.