Ralph Vaughan Williams: I have trod the Upward and the Downward Slope

Autora: Evgenia Fölsche

“I Have Trod the Upward and the Downward Slope” cierra los Songs of Travel de Ralph Vaughan Williams sobre poemas de Robert Louis Stevenson como epílogo del ciclo. El caminante resume su vida como una senda de ascensos y descensos, sin queja, en una dignidad sobria. Musicalmente, Vaughan Williams regresa al paso sereno y a la sencillez próxima a la canción popular: un Amen discreto y abierto al término del viaje.

Texto de la canción (Robert Louis Stevenson – original inglés / traducción española)

De: Songs of Travel and Other Verses (1896) – Epílogo

Original (inglés):
I have trod the upward and the downward slope;
I have endured and done in days before;
I have longed for all, and bid farewell to hope;
And I have lived and loved, and closed the door.

Traducción española:
He hollado la pendiente ascendente y la descendente;
he soportado y he obrado en días ya pasados;
lo he anhelado todo y me he despedido de la esperanza;
y he vivido, he amado y he cerrado la puerta.

Texto: Robert Louis Stevenson (1850–1894), de dominio público. Traducción española: versión de trabajo para este sitio.

Datos de la obra y vista general

  • Compositor: Ralph Vaughan Williams (1872–1958)
  • Ciclo: Songs of Travel – n.º 9 I Have Trod the Upward and the Downward Slope (Epílogo)
  • Fuente textual: Robert Louis Stevenson, Songs of Travel (1896)
  • Composición: ca. 1901–1904 (versión pianística del ciclo); el epílogo figura en las ediciones modernas como n.º 9; la versión orquestal se consolidó más tarde en el siglo XX.
  • Ámbito tonal / compás / tempo: base menor con aclaraciones modales; 4/4; Andante semplice
  • Duración: aprox. 1½–2½ minutos
  • Plantilla: voz y piano (son habituales las transposiciones); también muy interpretado en versión orquestal
  • Forma: breve forma estrófica de epílogo; con reminiscencias de gestos anteriores del ciclo

Génesis y contexto del ciclo

La primera edición impresa de Songs of Travel comprendía ocho canciones; el epílogo I Have Trod… se interpreta hoy como la novena y última pieza del ciclo. Desde el punto de vista dramático, cierra el círculo: tras la partida, el amor, el sueño, la inmensidad estelar y el recuerdo del hogar, la voz habla ahora en forma de recapitulación, sin pathos, en una quietud final depurada.

Práctica interpretativa y recepción

Voz: Planteamiento narrativo; el texto debe sostenerse, las vocales permanecen serenas y las consonantes no deben endurecerse. El final se asiente interiormente, no se demuestra.

Piano: Paso regular en el bajo, superposiciones armónicas sencillas; pedal transparente para que la quietud conclusiva no quede velada.

Recepción: En las interpretaciones modernas se ha convertido en el epílogo habitual del ciclo, por su simplicidad lacónica y hondamente conmovedora.

Grabaciones de referencia (selección)

  • Gerald Finley – Julius Drake
  • Roderick Williams – Iain Burnside
  • Sir Thomas Allen – Roger Vignoles
  • Bryn Terfel – Malcolm Martineau

Análisis – música

Fórmula de epílogo y reminiscencias

La escritura melódica recuerda varias canciones anteriores del ciclo: el paso sereno, la línea silábica, las inflexiones modales. Pequeños cierres interválicos —casi una cadencia de “paso”— evocan el comienzo del ciclo, aunque ahora en una atmósfera de apaciguamiento interior.

Final abierto y cadencia silenciosa

La conclusión evita toda cadencia triunfal. Una sonoridad sostenida y tranquila permite que el viaje continúe interiormente: la puerta se cierra suavemente, pero el camino permanece.

Representación visual

Visualización artística:
Un anciano caminante se encuentra en un estrecho sendero pedregoso dentro de un paisaje montañoso. Ante él se abre una vasta lejanía bañada por la luz del atardecer. A su lado se alza una verja de madera, que marca el camino como un último umbral. El bastón de viaje, la mochila y la actitud recogida de la figura muestran con claridad que aquí ya no se trata de una partida, sino de una pausa al final de un largo camino de vida.

La imagen retoma así con fuerza inmediata el simbolismo central del lied. El sendero representa el “upward and the downward slope”, es decir, las alturas y las profundidades de la existencia que el sujeto ya ha atravesado. El paisaje aparece amplio y abierto, pero ya no prometedor en el sentido de un nuevo comienzo. Se convierte más bien en un silencioso panorama retrospectivo: el caminante no mira hacia adelante con expectación, sino hacia atrás y hacia la distancia, hacia una calma mayor.

Particularmente significativa es la verja al borde del camino. Da forma visible al último verso de la canción —“and closed the door”. La imagen no muestra una puerta que se cierre con violencia dramática, sino un límite sencillo en el que se condensan conclusión, decisión y serenidad. Precisamente por eso corresponde al carácter del lied: el final no parece desesperado, sino recogido, sereno y digno.

También musicalmente esta idea visual se ajusta con especial precisión al epílogo del ciclo. Vaughan Williams no modela el lied como un gran impulso, sino como un breve balance de vida, grave y esclarecido. La música no porta dramatismo exterior alguno, sino una solemnidad serena, casi marcada por el paso. Así como el caminante de la imagen se detiene en el sendero, así la música retiene el instante entre movimiento y cumplimiento.

La cálida luz de la tarde confiere finalmente a la escena un doble significado: es luz de despedida, pero también luz de plenitud. El día declina y, sin embargo, no ha transcurrido en vano. De este modo, la imagen se convierte en emblema del lied entero: de una vida que ha medido alturas y profundidades, conocido amor y pérdida, y que al final no concluye su camino en el lamento, sino en una aceptación silenciosa.

Análisis – poesía

“I Have Trod the Upward and the Downward Slope” constituye la conclusión silenciosa del ciclo. Con extrema brevedad, la voz hablante traza el balance de una vida entera. A diferencia de las canciones anteriores, aquí ya no ocupan el primer plano ni la partida ni la pérdida, ni el paisaje ni el recuerdo concreto, sino la retrospección misma. El texto nombra, en una sucesión condensada, los movimientos fundamentales de la existencia humana: ascenso y descenso, soportar y actuar, deseo y despedida, vida y amor. Precisamente por esta concentración, el poema actúa como un verdadero epílogo: cierra el camino no por medio de un acontecimiento, sino mediante una actitud de aceptación interior.

La vida como camino entre alturas y profundidades

I have trod the upward and the downward slope;

Ya en el primer verso, el poema reúne la vida en la imagen de un camino. El sujeto hablante ha recorrido tanto la pendiente ascendente como la descendente. La existencia humana aparece así como movimiento a través de experiencias contrarias: éxito y fracaso, esperanza y desengaño, ligereza y peso. Resulta característico que el verso no desarrolle ni juzgue estos opuestos. Los nombra en una fórmula serena, casi objetiva. Precisamente esta mesura produce la impresión de una voz madurada, que ya no lucha, sino que mira hacia atrás y deja subsistir el conjunto.

Al mismo tiempo, esta imagen del camino se enlaza con la idea rectora del ciclo entero. Allí, la carretera era el lugar de la libertad, del deseo, del amor, de la pérdida y de la memoria. En el epílogo, se convierte en metáfora de una vida entera. El caminante ya no es solo una figura del ir, sino un ser humano que abarca con una sola mirada su propio recorrido.

Soportar y actuar

I have endured and done in days before;

El segundo verso une dos formas elementales de la existencia humana: soportar y actuar. La vida no consiste solo en la acción propia, sino también en aquello que debe cargarse y padecerse. En esta breve yuxtaposición hay una notable sobriedad. El sujeto no se jacta de sus acciones ni se lamenta de lo que ha soportado. Ambas dimensiones quedan colocadas una junto a la otra como partes igualmente esenciales del pasado.

Precisamente este equilibrio otorga al poema su dignidad. No hay heroización de la acción ni queja por el sufrimiento. La vida aparece más bien como algo que ha sido a la vez modelado activamente y sufrido pasivamente. La autoridad del hablante no nace de una superioridad, sino de haber atravesado ambas condiciones.

El deseo y la despedida de la esperanza

I have longed for all, and bid farewell to hope;

Con el tercer verso, el balance se ahonda en una tonalidad más existencial. El sujeto ha anhelado “for all”. En esta fórmula vuelve a reunirse toda la amplitud del deseo humano: aspiración a la felicidad, al amor, a la plenitud, al sentido, acaso incluso a una totalidad que nunca puede alcanzarse del todo. Pero a este deseo universal sigue la despedida de la esperanza. El movimiento del verso conduce, por tanto, del deseo a la renuncia.

Aquí se encuentra el acento más grave del poema. No se trata del canto triunfal de quien ha sido colmado, sino de la voz de un ser humano que ha reconocido los límites de la vida. Y, sin embargo, la despedida de la esperanza no significa simplemente desesperación. Suena más bien como un dejar ir las ilusiones. La esperanza no queda rota dramáticamente; es despedida en silencio. Así, el poema adquiere un tono de renuncia que no es amargo, sino esclarecido.

Vivir, amar y cerrar la puerta

And I have lived and loved, and closed the door.

El último verso concentra el balance vital en una fórmula final memorable. Vivir y amar aparecen como los dos actos decisivos de la existencia humana. Llama la atención que, tras la privación, tras la subida y la bajada, tras el deseo y la despedida, el poema no nombre ni resignación ni vacío, sino precisamente estos dos verbos sencillos: haber vivido y haber amado. Ellos confieren al balance, pese a toda su finitud, un núcleo silenciosamente positivo.

Tanto más poderosa resulta entonces la última inflexión: “and closed the door”. El gesto de cerrar la puerta es una imagen poderosa de conclusión. Puede sugerir la muerte, el final de un camino vital o, de manera más general, el cierre consciente de un capítulo. Lo decisivo es que este gesto no aparece ni dramático ni desesperado. La puerta se cierra, no se golpea. De este modo, el poema concluye en una postura de calma, decisión y definitividad.

El epílogo como voz de la aceptación

I have trod …
… and closed the door.

La fuerza singular del poema reside en su extrema condensación. En solo cuatro versos emerge la imagen de una vida entera. Cada verso contiene una pareja de opuestos o un doble movimiento, y de esa serie nace la impresión de plenitud y cumplimiento. El poema renuncia a los detalles concretos, y justamente así gana universalidad. No habla solo del destino de un caminante singular, sino de una experiencia humana en cuanto tal.

Como epílogo del ciclo, el texto cumple, por tanto, una función particular. Recoge una vez más, de forma condensada, los motivos del viaje, del deseo, del amor y de la pérdida, sin volver a narrarlos. Lo que permanece no es una gran conclusión ni una promesa de consuelo, sino una actitud: la vida ha sido recorrida, aceptada en sus alturas y profundidades, y su término llevado a cabo con silenciosa dignidad.

“I Have Trod the Upward and the Downward Slope” es así un poema de balance y despedida. Habla de la finitud sin caer en la queja, y del cumplimiento sin reclamar triunfo. Precisamente en este lenguaje sencillo y contenido alcanza su grandeza singular.

Sentido y efecto

En el centro del poema se encuentra la idea de que una vida no está hecha solo de éxitos o esperanzas, sino también de fatiga, pérdida y despedida. Y, sin embargo, esa vida no aparece como fracasada. El sujeto hablante ha vivido, amado, soportado y actuado, y precisamente en ello reside su dignidad. El poema formula así una actitud de aceptación: el ser humano no puede retener la vida, pero puede afirmarla como un todo y conducirla serenamente a su término.

Su efecto nace de un lenguaje conciso y solemnemente sencillo. Sin pathos ni imágenes desarrolladas, el texto abre un amplio espacio interior. No actúa de manera dramática, sino recogida, serena y definitiva. Dentro del ciclo, constituye por ello una conclusión perfecta: el caminante ya no habla del camino que tiene delante, sino del que ha recorrido, y cierra el viaje con silenciosa dignidad.

Evgenia Fölsche – interpretaciones y audio

Evgenia Fölsche mantiene el tempo sencillo y el tono narrativo: sin pathos, con palabras claras y un pianissimo cálido. El posludio permanece respirando: una puerta que se cierra en la penumbra.

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FAQ – Vaughan Williams: “I Have Trod the Upward and the Downward Slope” (Songs of Travel n.º 9)

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¿El ciclo contaba originalmente con ocho o nueve canciones?

Originalmente se publicaron ocho canciones; el epílogo I Have Trod… se añade en las ediciones modernas como n.º 9 y hoy forma parte estable de la práctica interpretativa.

¿La versión orquestal es auténtica?

Existe una orquestación autorizada del ciclo; la consolidación del epílogo como número conclusivo se produjo en el siglo XX. En la práctica, las versiones con piano y con orquesta se consideran igualmente legítimas.

¿Qué actitud exige el final?

Calma lacónica, sin pathos. Estos versos son un balance, no un lamento: decir, no estallar.